lunes, 29 de abril de 2013

EL CONSULTORIO DEL MAESTRO ZEN (3)




Hola, amigos, saludos a todos. Hoy abrimos una nueva edición de nuestro conocido consultorio existencial, a cargo del asesor de contenidos espirituales y desarrollo personal de este blog, el gran maestro Zen don Shitetoko Yotekuro. Y ya tenemos aquí las primeras consultas de esta temporada. 



Shitetoko dijo…
Al habla Shitetoko Yotekuro, dispuesto a aportar un rayo de luz a tu vida.



Carolina del Norte dijo…
Saludos, maestro, me presento: mi nombre es Carolina, procedo del Norte, y le confieso que soy una mujer curiosa. Bueno…, bastante curiosa, no lo voy a negar. Pero no crea que mi curiosidad es cualquier cosa, no, no, lo mío es pura e inmaculada curiosidad científica. Y creo que en mí debe ser cosa de nacimiento, maestro, pues modestamente pienso que yo debí haber nacido con este maravilloso talento que Dios me ha dado, y que hasta el día de hoy llevo tan sobrado y tan bien puesto. De hecho, de pequeña siempre fui muy aplicada en los estudios. Y, aunque está mal que yo lo diga, pero alguien tiene que decirlo, yo era un hacha con las matemáticas, maestro. Fue aprender a contar y ya vi todo un mundo abierto delante de mis ojos. Y no vea usted cuando aprendí las cuatro reglas, aquello fue como una revelación divina, y eso marcó un antes y un después en mi vocación científica, siempre dispuesta a desentrañar los misterios de la vida.



Como niña aplicada que era, acostumbraba a resolver impecablemente los problemas que me ponían en mis tareas escolares; pero, no contenta con eso, aproveché el primer diario que me regalaron para apuntar todas aquellas observaciones que la vida cotidiana presentaba ante mi tierna curiosidad infantil. Me interesé, sobre todo, por apuntar las fechas de las bodas y los bautizos de mi pueblo, y, de esta manera, podía luego hacerme mis sumas y mis restas, y me sacaba mis conclusiones, maestro. Sí, sí, y no vea usted qué conclusiones,… y luego me iban todas de blanco al altar,… ¡las muy golfas!. En fin, ya ve usted, cosas de niña.




Años después me vine a la ciudad, y, por la suerte o por el destino, fui a dar con un empleo que satisfacía plenamente mi sana inclinación por la ciencia. Fue así como entré a trabajar en la portería del edificio en el que resido actualmente. Llegar a este oficio colmó sobradamente mi vocación, maestro, y desde el primer día sentí que la fortuna me sonreía, pues ver aquel montón de cartas de mis vecinos, repletas de datos, y ver la luz fueron una misma cosa. Desde entonces me he dedicado incansablemente a la noble tarea de llevar las cuentas ajenas, las entradas y salidas, las subidas y bajadas, las horas de llegada… En fin, como le digo, entregada completamente a mi misión científica. Y si esto ya colmaba mi vocación sobradamente, como le digo, imagínese usted cuando, una vez obtenidos mis descubrimientos, los publicaba a los cuatro vientos: ¡el éxtasis total!, maestro.


Y, con sus más y sus menos, mi vida transcurría de esta manera en paz y sosiego, hasta que hace un mes…, ¿cómo podría decírselo?,.. hasta que hace un mes llegó ella para amargármela, para convertírmela en un infierno, maestro. Sí, ella, maestro, ¡la nueva vecina del sexto!. Sospeché de ella nada más verla atravesar el portal por vez primera. Se me apareció como una diosa, guapa, guapísima, y tan bien peinada, tan bien vestida, tan bien calzada…, y oliéndome a perfume caro... 


—Hola, soy Romy, encantada.— Fue lo primero que me escupió en la cara con su sonrisa de culebra. ¿Romy?, ¿puede una mujer respetable hacerse llamar Romy?. Más bien parece nombre de… Bueno, pero prosigamos. Pues, como le digo, esta primera observación fue un estímulo para iniciar mi investigación, todo sea por la vocación científica, maestro, que para eso está una en el mundo, para investigar. Pero poco tardaron en llegar más datos para mi tesis. Y, efectivamente, unos días después empezaron a llegar hombres preguntando por ella, muy sospechosos también ellos. Me llegaban todos haciéndoseme los despistados, todos con una cara de extranjeros que se la pisan, todos hablándome con extraños acentos, con vestimentas raras…, y, ante todo, con la prueba definitiva: ¡las sandalias con calcetines!.



Ya le digo, maestro, extranjeros todos. Ella ha intentado hacernos creer a toda la vecindad que es profesora de idiomas. ¿Idiomas?... Ésta lo que me les enseña es otra cosa. Ya se lo digo yo, maestro. Pero, claro, yo, como buena científica que es una, y persona seria, no iba a quedarme sólo con en las hipótesis. Necesitaba datos empíricos, maestro. Así que decidí lanzarme a ampliar mi investigación recopilando estos datos in situ, como debe ser. El problema era cómo hacerlo sin que los especímenes se me espantaran si me pillaban con el estetoscopio pegado a su puerta. Que una es curiosa, pero no tonta, maestro. Así que me decidí a acceder al sexto piso directamente desde la fachada del edificio. La cosa no me fue nada fácil, maestro, hay que entenderlo, ya se sabe lo difícil que es escalar con ventosas sobre el cotegran, y en un día de viento y lluvia como era aquél. Pero yo soy del Norte y allí estaba yo, como una heroína de la ciencia, trepando pared arriba y luchando contra los elementos. Y si todo esto era terrible, aún más terrible era estar escuchando todo el tiempo aquel “chuik-chuik” infernal de las ventosas, que me destrozaba los nervios.


Y, así y todo, lenta pero segura, logré alcanzar la meta del sexto piso. Ahhhh, qué satisfacción, por Dios. Pero, cuando llegué allí, colocada frente a mi objetivo, hice un descubrimiento que me dejó helada, maestro: y es que la muy lagarta ¡¡¡ME HA COLOCADO DOBLE ACRISTALAMIENTO EN LAS VENTANAS!!!. Eso no se le hace a la ciencia. No me lo podía creer… Y, como comprenderá, esto supuso un serio revés a mi investigación, porque no me enteré de nada, maestro. Prueba fracasada. 




Y, como también comprenderá, tal desatino me sumió en una profunda crisis, que me hizo replantearme mi vocación por las matemáticas. Así que decidí apartarlas a un lado, y dedicarme a otra de mis grandes pasiones: la astrofísica. Sí, maestro, como le digo. Y hace poco que me compré un telescopio nuevo que es todo un primor, y que ya tengo bien instalado en el salón de mi casa, junto al balcón, apuntando directamente a la constelación de ventanas del edificio de enfrente, y en busca de alguna posible nueva galaxia de conocimiento. 



Y, sinceramente, mi sano interés científico me movía sólo a interesarme por los cuerpos que orbitan entre los salones, baños y dormitorios de aquel rincón del espacio, y, si era posible, detectar la presencia de algún tipo de materia oscura. Y todo hubiera sido científicamente maravilloso si no me hubiera encontrado con las interferencias producidas por esos miserables visillos que se han puesto ahora de tan de moda. ¿Usted se lo puede creer?. Y sin poder recopilar ni un dato, esto ya ni es ciencia ni es nada, maestro. Así que mi vida se consume últimamente entre hipótesis que me quitan el sueño, fórmulas irresolubles, y en el miedo a que, si veo frustrada mi vocación científica, pueda desviarme por el mal camino y terminar convirtiéndome en una maldita chismosa. Y esto es un sin vivir, maestro.


Shitetoko dijo…
Carolina, ¿curiosa?. ¿De verdad crees que lo tuyo es sólo… curiosidad?. Bueno, ya veo que según tu modelo interpretativo así lo es. Me da la impresión de que has dedicado demasiada energía a tu “vocación” y te has descuidado en emplearla en ti misma, querida, creándote una vida vacía y gris que sólo se compensa con el auto-engaño de las contadas alegrías que te pueda reportar tu incansable dedicación a eso que llamas ciencia. ¿No sería mejor que emplearas ese don y esa energía que tienes en construirte una vida propia?. Piénsatelo. Pero, bueno, ya que estamos aquí, podrías contarme alguna novedad, ¿no?, algo habrás averiguado, no me vas a dejar ahora con la miel en las orejas. Anda, cuenta, cuenta.



Marilyn dijo…
Maestro, le cuento que llevaba unos días algo aburrida en la Eterna Luz, y me decidí a bajar al mundo y darme un pequeño paseo por allí. Primero estuve un rato en la playa, jugando en la arena y disfrutando del frescor del mar y la melodía de las olas. Después me fui al campo, y me tendí entre la hierba fresca y las flores. Cerré los ojos y sentí de nuevo el pálpito de la tierra bajo mi cuerpo de sex symbol, mientras la luz del sol y la brisa besaban dulcemente mi rostro. Y, ¿qué le puedo decir, maestro?, encontrarme de nuevo con el alma del mundo fue una sensación indescriptiblemente emocionante,... casi lo había olvidado. 


Shitetoko dijo…
Sí, querida Marilyn, lo solemos olvidar. La vida contemporánea aprisiona nuestras almas, envenena nuestros sentimientos y cautiva nuestras esperanzas. Por eso lo olvidamos con frecuencia y damos la espalda a esa otra realidad. Porque, a pesar de los pesares, y a pesar de que lo olvidemos, seguimos habitando un planeta maravilloso.





~oooOooo~

Y les dejo con un vídeo clip de una canción con un sonido muy especial, del grupo británico The Beatles titulada: "Within You, Without You " (Dentro de ti, sin ti), de 1967, escrita por George Harrison, y en la que se aprecian las suaves resonancias de la música clásica hindú. Atención a su letra.




Saludos.

viernes, 19 de abril de 2013

RENACER


Hola, amigos. Coincidiendo con el apogeo de la Primavera en el Hemisferio Norte, hoy nos embarcamos en un viaje a las profundidades del concepto del Renacer. Se trata de un tema que está presente en todas las culturas, y, en mayor o menor medida, en las diferentes formas de pensamiento religioso y filosófico, así como en la ciencia, puesto que está íntimamente asociado a la idea de la continuidad de la vida, la superación de las dificultades y la renovación de la esperanza. Así que pasen y vean.


Reconstrucción idealizada de la antigua Heliópolis

Una de las referencias más antiguas sobre el concepto del renacer la encontramos en la mitología egipcia, concretamente en la leyenda del Ave Fénix, llamada Bennu en egipcio antiguo. Según el Libro de los Muertos, Bennu representaba la energía (ba) de Ra, el dios del Sol, del cielo y del origen de la vida, y se había creado a sí misma a partir del fuego con que ardía un árbol sagrado del templo de Ra en la ciudad de Iunu (Heliópolis), en el Bajo Egipto. 


Bennu era representada como una garza real


El mito del Ave Fénix fue posteriormente absorbido por varias doctrinas filosóficas y religiosas de la Antigüedad, asociándolo a la idea de que a toda muerte sucede alguna forma de renacimiento, de vuelta a la vida. Según la versión cristianizada, por ejemplo, el Fénix vivía en el Jardín del Edén, y tenía su nido en un rosal. Y de la misma espada con que el ángel desterró de allí a Adán y Eva, surgió una chispa que prendió el rosal y con él ardió también este ave sagrada. Pero, como el Fénix no había probado de la fruta prohibida, era inmortal, y así podía renacer de sus cenizas una y otra vez.


El Ave Fénix en un bestiario medieval

El origen remoto del mito de la muerte y renacimiento del Ave Fénix podría ser astronómico (atendiendo a los movimientos de los astros, y a la sucesión del día y la noche), podría estar relacionado con los ciclos estacionales y crecidas del Nilo, o puede que surgiera de la observación misma del crecimiento de las plantas o la reproducción de los animales. O, probablemente, fuera una mezcla de todo. En la mitología egipcia también tenemos a Khepri, el dios escarabajo, del que ya hablamos en una entrada anterior, y que era otra forma de divinidad solar. Según su leyenda, se creaba a sí mismo cada mañana, renaciendo con la luz del amanecer.


El renacer de Khepri, símbolo de la transformación del individuo

No olvidemos que, en aquellos tiempos remotos, cuando la civilización humana y la Naturaleza eran casi una misma cosa, ninguna forma de pensamiento era ajena a las manifestaciones de los fenómenos naturales, y en su observación se encontraban numerosos ejemplos sobre los que fundamentar y construir razonamientos, ya fueran filosóficos o religiosos. 


Mariposa renaciendo tras su metamorfosis

De hecho, en la Naturaleza encontramos incontables casos en los que la regeneración o el resurgimiento de la vida se produce en circunstancias extremas, casi de forma milagrosa, y cuando algo así parecería imposible. En el mundo vegetal, tenemos el caso del Pinus Canariensis, llamado también “Árbol Fénix”, una especie de conífera muy antigua que es capaz de regenerarse por completo pocas semanas después de haber sido arrasada por el fuego. Y no una, sino incontables veces. 





Aún más “milagroso” es el caso del Ginkgo Biloba, una especie sin parientes cercanos, única en su orden y en su familia, y del que existe un caso documentado de que es capaz de sobrevivir a una explosión nuclear. En la ciudad japonesa de Hiroshima, a comienzos de la primavera de 1946, y pocos meses después de haber sido atacada por una bomba atómica que arrasó el lugar, un viejo árbol de ginkgo, que estaba plantado junto a un templo, comenzó a brotar de nuevo. Fue llamado desde entonces “portador de la esperanza”.


Hiroshima arrasada y el ginkgo "portador de la esperanza" junto al actual
templo Templo Hosenbou., a sólo 1130 metros del epicentro de la explosión.

Los luchadores de Sumo llevan un peinado en forma de
 hoja de ginkgo a modo de amuleto protector


En el mundo animal, resulta muy interesante el caso de la salamandra, un anfibio que es capaz, en sólo 3 semanas, de regenerar por completo un miembro perdido. Su capacidad de resistencia ya fue advertida desde muy antiguo, y pasó a formar parte de diversos mitos y leyendas europeos que la identificaban como un ser cuya piel era capaz de resistir el fuego, y de apagarlo con sus patas, como dejó escrito Plinio El Viejo (aunque él mismo dudaba de ello). Esta asociación quizás se deba al color mismo de la piel de este anfibio, y a su veneno amargo e irritante, que llevaron fácilmente a identificarlos como “seres de fuego”, y vinculados, por tanto, a las entidades espirituales del elemento Fuego. Por todas estas razones, la salamandra ha quedado como símbolo de la pureza, la permanencia, y la superación ante las adversidades.


Salamandras heráldica y alquímica



"Hola otra vez, corazones"
Los conceptos de renacimiento o regeneración, por tanto, al mostrarse con esta evidencia en la Naturaleza, y de lo que sólo hemos puesto unos ejemplos, han podido servir de cimento para el desarrollo de creencias en torno a la transcendencia de la vida humana en las diferentes culturas. Carl Gustav Jung, en su obra: "Sobre el Renacer", hizo una recopilación de estas diferentes “formas del renacer”, como él las llamó. Son las siguientes:

Metempsicosis: O transmigración de las almas. Implica la idea de una vida que se prolonga en el tiempo a través de diferentes cuerpos, o una sucesión vital ininterrumpida por sucesivas reencarnaciones. Según el Hinduísmo o el Budismo, se trataría de una “continuidad del karma”, pero no se habla de una continuidad de la personalidad.


El Orfismo, una antigua religión helénica, creía en la transmigración de las almas

Reencarnación: Contiene en sí misma el concepto de continuidad personal. En este caso "la personalidad humana está concebida como continuable y recordable, de forma que, cuando alguien se encarna o nace, es, por así decirlo, capaz de recordar que tuvo vidas anteriores y que esas vidas fueron propias, es decir, que tenían el mismo Yo que la vida actual”.




video
Fragmento de "Pequeño Buda", de B. Bertolucci (1993)

Resurrección: “Implica el restablecimiento de la vida humana después de la muerte. La resurrección contiene otro matiz, el del cambio, transmutación o cambio de esencia (...). Es decir, el ser resucitado es otro, o impropio, las condiciones generales de la existencia son distintas de las de antes; se está en un lugar diferente, o en un cuerpo que tiene otra constitución”. Recuerden el mito de Osiris, o la resurrección de Cristo.



Renovación: Se refiere "al renacer dentro de la duración de la vida individual". La palabra alemana Wiedergeburt "posee una connotación específica, con una atmósfera peculiar que contiene la idea de renovatio, renovación o incluso enmienda, por medio de una especie de efecto mágico”.



Los rituales del  Bautismo cristiano y del  Kumbhamela hinduísta
propician la purificación y regeneración del individuo que se somete a ellos

Esto último es quizás lo que nos puede resultar más interesante, porque se trata de “una renovación sin cambio de esencia, puesto que la personalidad renovada no cambia en su esencia, sino que sólo son funciones, partes de la personalidad, las que han sido sometidas a una curación, fortalecimiento o perfeccionamiento”. Renacer, por tanto, se puede entender también como renovarse, transformarse interiormente, abriendo la mente, sanando el alma, y convirtiéndonos otra vez en recién nacidos desde nosotros mismos, por medio del “efecto mágico” de eso que se llama fuerza interior, y aún cuando ya todo parezca perdido. La misma fuerza interior que hace brotar una semilla desde la profundidad de la tierra, y que también puede hacernos renacer, como Khepri, con la luz de cada nuevo día. 




-oooOooo-



-¡Un minuto para salir a escena, Nina!


Y les dejo hoy con una canción medicina, de las que hacen crecer la fuerza interior. La "Gran Sacerdotisa del Soul", Nina Simone, compositora, cantante y comprometida activista social norteamericana (... y controvertida donde las haya, jeje), nos trae, a modo de conjuro mágico, esta canción titulada "Ain't Got No. I've Got Life" (No tengo nada. Tengo la vida). ¡Y que tengas felices renaceres!.



Saludos.

viernes, 2 de noviembre de 2012

KOLMANSKOP: UNA UTOPÍA EN EL DESIERTO



Hola, amigos. Los desiertos siempre han estado, por razones obvias, entre los lugares más inhóspitos del planeta. Y el ser humano siempre los ha evitado, a no ser que existan unas mínimas condiciones de habitabilidad, como en los oasis, que sean un paso obligatorio, o que en ellos se encuentre algo realmente tan valioso que merezca la pena el esfuerzo de permanecer en ellos. Y esto último es lo que nos da pie, siguiendo nuestra serie de utopías, para adentrarnos en la peculiar historia de la ciudad de Kolmanskop, una utopía europea en medio de las arenas del desierto de Namibia, en el corazón de África.



La costa suroeste de Namibia era ya conocida por su riqueza pesquera a fines del siglo XIX. Y allí, en 1883, el comerciante alemán Adolf Lüderitz compró una antigua ensenada portuguesa llamada Agra Pequena, donde fundó una base comercial a la que, poseído por un arrebato de imaginación, llamó Lüderitz, igualito que su padre. Posteriormente, el Imperio Alemán reclamaría sus "derechos" sobre todo el territorio de Namibia, que se adjudicó como colonia desde 1884.


Lüderitz en una imagen reciente


Lüderitz creció con salud, y se convirtió en una próspera ciudad desde la que se empezó a construir un ferrocarril para conectarla con el interior del país, en los primeros años del siglo XX, sustituyendo el tráfico de carretas. No muy lejos de allí, años atrás, a un transportista llamado Kolman se le había atascado su carreta en medio de la arena, y allí la abandonó. De modo que, al quedar la carreta como un elemento destacado en el paisaje, el lugar fue llamado por los colonos afrikáans (holandeses) como Kolmanskop (= la colina de Kolman). 



En abril de 1908, la construcción del ferrocarril transcurría ya por las cercanías de Kolmanskop. Y entonces fue cuando un descubrimiento casual transformaría para siempre el destino de aquel paraje. Un trabajador llamado Zacharias Lewala recogió de entre las arenas una piedra reluciente que mostró a su capataz, August Stauch. La piedra fue sometida inmediatamente a un estudio geológico que confirmó las sospechas de Stauch: se trataba de un diamante. ¡Un diamante!. La noticia corrió como la pólvora, y en pocos meses el lugar se llenó de hombres y mujeres llegados de todas partes que rebuscaban azarosamente entre cada centímetro de arena, con la ilusión de encontrar el pedrusco que les arreglara la vida.



Pero la alegría duró poco. En septiembre de ese mismo año, el gobierno colonial alemán decidió tomar el control del asunto, y declaró como “zona prohibida” (Sperrgebiet) el territorio de Kolmanskop y sus alrededores, cuya superficie abarcaba unos 26.000 Km2. Desde ese momento, la entrada sin permiso quedaba terminantemente prohibida. Y los yacimientos diamantíferos recién descubiertos pasaron a ser explotados a partir de esa fecha, y en exclusiva, por la Deustche Diamantengesellschaft, o, mejor dicho, por los mineros que fueron contratados por esta empresa gubernamental.


Trabajos de extracción de diamantes en Namibia

La ciudad en sus inicios
Entonces fue cuando, en las cercanías de los yacimientos, comenzó a levantarse la pequeña ciudad de Kolmanskop, concebida como asentamiento permanente para los mineros y sus familias, y para los gestores de la explotación.  Y entre las arenas namibias comenzaron a surgir las nuevas edificaciones en el más puro estilo centroeuropeo.




Ni que decir tiene que el negocio resultó ser sumamente lucrativo, y en el año 1915 se logró extraer 1 tonelada de diamantes en bruto. Los enormes beneficios reportados por la extracción minera pronto convirtieron Kolmanskop en una de las ciudades más ricas y adelantadas de toda África.

La compañía De Beers ha reconstruido parcialmente algunos edificios
 de Kolmanskop con fines turísticos.

Hacia los años 20, cuando la colonia de Namibia ya había pasado a ser administrada por el dominio británico de Sudáfrica, Kolmanskop alcanzó su máximo florecimiento. Por entonces, el primer tranvía que existió en África la conectaba con Lüderitz. Y en Kolmanskop, como ciudad rica que era, es de comprender que había de todo y que no faltaba de nada. Contaba con lujosas viviendas, central eléctrica, escuela, gimnasio, clubes recreativos, teatro, casino, bolera, carnicería, panadería, y hasta una fábrica de muebles y otra de hielo. En su magnífico hospital había incluso un aparato de rayos X, una auténtica extravagancia tecnológica para la época.




No obstante, este cuento de hadas tenía también su lado perverso, porque los rayos X, más que por razones médicas, eran usados principalmente para registrar el “interior” de los mineros, por si se les ocurría tragarse algún diamante. Las condiciones laborales de los trabajadores, muchos de ellos pertenecientes al pueblo Oshiwambo, eran, además, pésimas, y agravadas por las inclemencias del desierto. Kolmanskop tampoco se libró del Apartheid.


Pero, con el paso de los años, la producción minera fue decayendo. Al final de los años 30, aparecieron, además, otros yacimientos aún más fructíferos al sur de la “zona prohibida”, donde surgió una nueva ciudad diamantífera llamada Oranjemund (=la boca del [río] Orange), que aún existe. Desde entonces, Kolmanskop se fue despoblando, y hacia 1956, el último colono que aún quedaba abandonó definitivamente la ciudad. Y así, poco a poco, y en completo silencio, aquella Arcadia africana comenzó a ser engullida por las arenas de las que había surgido.

Vista aérea actual de Kolmanskop, según Google Earth





Aspecto reciente de algunos edificios de Kolmanskop

Echando un vistazo a la actual Oranjemund podemos hacernos una idea de cómo fue Kolmanskop en sus años gloriosos. La diferencia es que es, además, una ciudad fronteriza. A ella sólo pueden entrar los trabajadores y sus familiares. Y, a pesar de ser un paso fronterizo, sólo pueden acceder a ella las personas que dispongan de pases de autorización de De Beers, no vaya a ser que se les pierda un pedrusco.
Vista aérea de Oranjemund, junto al río Orange y el océano Atlántico
Aquí un poco más cerca
Y en primer plano


Seguramente, al tratarse de una ciudad minera, el destino de Kolmanskop ya estaba escrito desde el día en que nació. Pero al verla ahora así, en ruinas, casi oculta bajo las arenas, nos hace pensar sobre el destino que depara a toda codicia humana, a toda ambición desmedida, a todo intento de alcanzar el cielo de la riqueza material, y a costa de cualquier precio. Polvo serán y nada más, barrido por el viento, en la desolada y seca inmensidad del desierto (… interior).





"Una gran ciudad es un gran desierto"

(Proverbio chino)




Los chicos y chicas de Tinariwen, posando al estilo "Leivovitz"
Y hoy, fieles a nuestro propósito de abrirnos a otras realidades, a otras formas de entendimiento, les dejo con los sonidos del Gran Desierto. Los chicos y chicas de la banda malí Tinariwen nos traen esta hermosa canción, de las que remueven conciencias, en la ancestral lengua tuareg-bereber, titulada: "Amassakul n teneré" (El viajero solitario del desierto), acompañada de los impresionantes paisajes saharianos. Y no se olviden de que ni todos los diamantes relucen a primera vista, ni todo lo que reluce es un diamante.




♪♫"Yo soy un viajero solitario del desierto. No es nada especial. Puedo soportar el viento, puedo soportar la sed y el sol. Sé cómo dirigirme y caminar hasta la puesta del sol. En el desierto, llano y vacío, nada se regala. Mi cabeza está alerta, despierta. He subido y he bajado las montañas donde nací. Yo sé en qué cuevas se esconde el agua. Estas inquietudes son mis amigas. Guardo relación familiar con ellas. Dan luz a las historias de mi vida. Vosotros, que estáis organizados, unidos, marchando juntos de la mano, vais por un camino vacío de sentido. En verdad estáis solos."  


Saludos.
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